EL SUEÑO DE SER TORERO

Actualizado: 21 abr

Todo ser humano desea ser algo, desde niños forjamos algunos ideales que obedecen a diversas influencias. Hablando en términos psicológicos nos

encontramos con las llamadas “lealtades familiares”, las cuales nos orientan a tener tal o cual profesión y oficio.

No es un secreto que algunos hijos de toreros han querido lanzarse al ruedo igual que sus padres, a veces con éxito o sin él.


¿Qué sucede con el niño que imagina vestirse de luces?


Querer ser un matador no es algo común, menos ahora en nuestra sociedad descompuesta y llena de mentiras, así que tomar esta carrera se torna algo sumamente complejo. Nos encontramos ante la tendencia pseudo animalista, la cual tiene poco fundamento y se basa mayormente en la ignorancia y el resentimiento. Además de esto, nos encontramos con una falta de espacios para que un niño pueda formarse y entrenarse, además de los gastos que implica esto, señalando también que las oportunidades para saltar profesionalmente al ruedo son escasas o condicionadas a gastos que no puede costear la mayoría.


Es aquí donde el sueño de tomar el capote, se distingue de algún otro deseo. En primer lugar, debemos recordar que estar adentro de un ruedo significa un peligro mortal en sí, como es bien sabido, un matador recibe diversas cornadas, lesiones o hasta la pérdida de la vida al actuar, así que tener un anhelo por eso, es algo notable. Además de esto, tenemos todos los factores mencionados, en cuanto a falta de apoyos para formarse como torero, amén de la crítica que sufren todos los que participen o asistan a una corrida de toros.


Sólo el que conoce sabe valorar lo que significa estar en la arena, realizar una faena y cumplir con el cometido. Son muchos los teóricos y filósofos que han opinado al respecto y por eso se le llama la Fiesta más culta del mundo, y aquellos que tienen conciencia de esto se lanzan a una aventura que les concede la gloria que se puede alcanzar en el ruedo.


Hay que hacer una notable diferencia en cuanto a otras actividades, como podría ser la de un futbolista, quien se puede dar el lujo de salir un día a la cancha y no esforzarse, o ya siendo alguien consolidado, simplemente le pone poco empeño. Un matador de toros no puede tener esas actitudes, aun dando la peor de las faenas, su vida está en riesgo, por lo que un torero debe imprimir su mejor esfuerzo donde sea: desde la plaza improvisada en una ranchería, hasta Las Ventas.


Es por eso que tener el sueño de vestir el traje de luces es toda una hazaña, digna de reconocimiento, merecedora de los apoyos necesarios, para así poder seguir formando a los héroes contemporáneos que participan en la fiesta de sangre y arena.




Esta columna forma parte de la Edición de Abril 2022, de la revista #PueblaEsTaurina, puedes leer la edición completa Aquí.


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