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La tienta

En otros artículos hemos mencionado que el eje central de la Tauromaquia es el toro bravo, pues desde tiempos remotos el encuentro del hombre con Uro, se menciona en la historia; la bravura, la acometida, la cercanía con la bravura es lo que hace que las personas acudan a los cosos taurinos; sin embargo, no es el único lugar donde se le puede apreciar, el campo bravo, su hábitat, es ahí donde nace, crece, se nutre, crece en le dehesa, hasta llegar a su selección para ir a una Plaza de Toros.


En este artículo hablaremos un poco del tentadero y de los protocolos que los visitantes/observadores debemos realizar en esta tan importante actividad.



Desde recién nacido el becerro, a sólo unos minutos, se incorpora y es capaz de embestir, esto es instintivo, nadie le enseña, testimonios de ello son los videos de Enrique Romero: “Bravo de Nacimiento: Primeras embestidas” donde se observa a un becerrito de Zalduendo, “Toros del Añadío; becerrita muy brava…”


En el campo bravo, es donde se cuida con mucho empeño y, en libertad, es finamente alimentado, medicado. El proceso de selección de su linaje es meticuloso, se realiza en la tienta en un ruedo dentro de la ganadería, aquí citaremos las características más importantes de éste proceso como lo menciona Sanz Egaña:


“El Toro adquiere la categoría de ‘lidia’ cuando es bravo cuando el sistema nervioso reacciona concordante al estímulo, el mecanismo de lucha siempre es igual. La comprobación de la bravura es una prueba en las prácticas zootécnicas españolas, es una prueba original con un nombre expresivo: ‘la tienta’”.

En el aspecto zootécnico, la tienta es una prueba necesaria, el ganadero criador de reses de lidia, comprueba si las reses son bravas, si acusan bravura, porque representan el principal del aprovechamiento del animal. La tienta es dirigida por el ganadero, se realiza tanto a hembras como a machos, y a las vacas con más insistencia, el tentar y seleccionar a las vacas es una exigencia fundamental.


La tienta puede hacerse en un corral o a campo abierto, el lugar varía poco para la técnica de la operación y no tiene exigencias especiales en la edad de la res. Conviene decir que con relación a la edad, es costumbre tentar a los machos cuando son erales, porque con un año de edad tienen poco poder, en cambio a los tres años son peligrosos por su gran fuerza.


En cuanto a las hembras son tentadas generalmente a los dos años, también a los tres y a los cuatro años, porque su musculatura es menor a la del macho y no es raro que puedan morir algunas de un año para otro a causa de gestaciones, partos, depredación natural, etcétera. Hay ganaderos que acostumbra a repetir la tienta en las vacas ya probadas, cuando se quiere sostener el prestigio de una familia.


Durante la tienta conviene distinguir la bravura del poder, la actividad psicológica del rendimiento dinamógeno: un toro es bravo cualquiera que sea su fortaleza mecánica. El lechal recién nacido acomete con la misma técnica que el utrero; el poder representa masa muscular y combustión de glucógeno, se mide por kilográmetros y es igual al del toro bravo que en el animal manso; el poder en condición idéntica de alimentación, adiestramiento, etc., es mayor cuanto más grande es el volumen de la masa muscular; el toro de lidia necesita juntar la bravura con el poder para sostener la dura prueba y la lucha durante la lidia, un toro bravo permite y da juego en la plaza, en tanto cuenta con energías físicas, y por el contrario, el toro fatigado, rendido, agotado, sigue siendo bravo, pero no acomete, tira derrotes con la cabeza y no se mueve, conserva el carácter psicológico, pero carece de fuerzas fisiológicas.


El Toro de lidia nacido bravo, necesita de 4 a 5 años para llegar a la plaza; la bravura requiere un organismo robusto, fuerte para exteriorizarse, y poder dinamógeno para resistir los 20-25 minutos de la lidia, pero bien entendido que con los años el toro adquiere poder pero no bravura, el toro adulto es más peligroso que el joven porque tiene un mecanismo más potente para embestir y las cornadas son más fuertes y por lo tanto más graves, pero es tan bravo como lo fue de añojo porque la bravura es el carácter innato y hereditario.


Tienta en el corral o placita de tientas


Tienta en el corral Dice Bellsolá, “los corrales para tentar son cuadrados, existiendo también plazas redondas. Su tamaño viene a ser el de la mitad o algo más de los redondeles de las plazas importantes de 25 a 30 metros de lado o de diámetro, respectivamente los corrales y las placitas, habiendo en unos y otras burladeros en vez de barrera. Comunicado con el tentadero hay otro corral o corrales, donde quedan encerradas las reses que se han de tentar. La tienta es operación anual, en fecha variable, generalmente en invierno (en México depende de la región); la operación es dirigida exclusivamente por el ganadero, siguiendo su peculiar criterio, y ejecutada por el tentador que obedece ciegamente las órdenes del ganadero. Los invitados deben permanecer quietos y silenciosos para no distraer a los bichos; es una prueba que exige no perturbar las condiciones del ambiente con estímulos extraños, según aconsejan las leyes de la psicología experimental. Los toreros o aficionados se esconden con sus capotes de brega detrás de los burladeros y solamente acudirán al quite en caso de peligro.


En el corral o plaza de tienta ha de encontrarse solo el tentador encargado de comprobar la bravura; el tentador defendiendo con los hierros o monas que usan los picadores durante la lidia, montará un caballo noble y fuerte; el tentador, generalmente un picador profesional, empuña la garrocha de tienta y espera y observa la conducta del joven bovino en cuanto entra en el tentadero, verdadero campo de experiencia.


Los erales apartados en el corral de espera, pasan de uno a uno al tentadero, para someterlos a la prueba; en cuanto entra se agita, se mueve despistado ante lo desconocido y procura una información directa, busca su liberación, solo, aislado, despierta la acometividad, instinto primitivo y específico de los bóvidos bravos, el freno impuesto por la convivencia gregaria, tan desarrollado en los rumiantes, se inhibe y deja vía libre a la acción; el animal ha de luchar para liberarse y volver a la piara que ventea con su fino olfato; el primer impulso del animal es huir, las paredes limitan e impiden las escapadas. Estos primeros movimientos tienen suma importancia para juzgar la calidad del animal; el tentador, situado contra querencia para que la huida del toro no tropiece con él ni con el caballo, estará quieto en éstos primeros momentos para observar el comportamiento espontáneo de la res. Pasados los primeros esfuerzos, verdaderos movimientos parásitos, el animal se calma y tranquiliza, el tentador avanza hacía la res y espera que reaccione, incluso excitando su atención con voces y movimientos visibles; si el eral se arranca al caballo, le pondrá un puyazo con la garrocha, sin retirar el palo mientras la res empuje, el dolor del puyazo es un fuerte reactivo en el temperamento del animal; si el instinto de liberación, el estímulo señal, de Pávlov, es fuerte y cuenta un mecanismo activo, potente, el dolor no detiene al toro, que repite una y otra vez contra el caballo, “se arranca” reiteradas veces como se dice en el lenguaje taurino, y tantas veces como se arranque debe dársele un puyazo; el número de puyazos que recibe el animal representan un índice de bravura, quizás parezca insuficiente a la explicación del instinto de liberación para comprender la conducta del animal, conviene detallar algo más: la arrancada supone un acto fisiológico para librarse del obstáculo, los toros y los caballos conviven bien y tranquilamente en las dehesas y pastos, el repetir la arrancada después del dolor, causado por el puyazo, denota una firmeza en el instinto muy superior al efecto fisiológico; algo parecido le ocurre al perro de caza cuando clava un cuero extraño en los pulpejos, que evidentemente le causa dolor y sigue cazando sin acobardarse por el sufrimiento causado por el pinchazo en región tan sensible; en uno y otro casi los animales tienen bien destacado el instinto para que el dolor no inhiba su desarrollo.


En el caso del toro, el ganadero anota cuidadosamente el número de puyazos que recibe cada animal; a mayor número supone más bravura. Además de las arrancadas y el número de puyazos, se comprueba en la tienta otros factores relacionados con las manifestaciones de la bravura, mejor dicho, con el mecanismo de la defensa combativa, tales como que la res se arranque de largo, sensibilidad aguda y percepción exquisita; el ímpetu de la arrancada denota fuerza muscular y mecanismo adecuado; si al acometer baja la cabeza y mete las manos en pijote desarrollando un mecanismo fisiológico de máximo rendimiento, hay que suponer bravura y astucia al ataque; si el toro no tuviera que embestir al hombre, llegaría por hábil adiestramiento a embestir en la aptitud más favorable para un resultado eficaz y certero; los instintos primarios, como es el de la defensa resultan adaptados de modo innato en muchos animales, pero son susceptibles de mejoramiento y perfeccionamiento por educación.


Hay reses que en la tienta dan muestras de un miedo tan profundo que sólo propenden de la huida; es decir todos los resortes activos de la defensa se han embotado por el miedo; ante las excitaciones del tentador no se arrancan o se defienden simplemente al echarles el caballo encima; son reses que se humillan al dolor, huyen… estos animales son desechados.


El aprobar o desechar un eral, como res de lidia, compete exclusivamente al arbitrio del ganadero, su criterio, inteligencia, dote de observados, son elementos para seleccionar el ganado; en la práctica, conjuntamente con la faena de animalito, son consultados sus antecedentes genealógicos, y con todo, se forma el historial; no lo hacen mejor los ganaderos ingleses ni aportan más escrúpulo para mejorar sus rebaños.


La tienta, como prueba de bravura, resulta indiscutible y de valor práctico, en cambio para aprobar aptitud de embestir y mejor todavía el mecanismo, la técnica de cornear resulta muy discutida; en general se aconseja que durante la tienta de los machos, destinados a toros de lidia no deben ver una sola “capa” con el fin de que aprendan y recuerden la lección al ser lidiados, apunta Bellsolá.

Bregar o capear durante la tienta puede crear en el toro un recuerdo base de un nuevo hábito superpuesto al instinto innato y al llegar a la lidia verdadera, los movimientos defensivos pierden espontaneidad con tendencia a un intento de adiestramiento, con pérdida de los movimientos parásitos y mejor aprovechamiento del esfuerzo muscular, pero todo hecho de un modo impreciso y deficiente, por ello resultan más peligrosos; la capea durante la tienta resulta ejercicio insuficiente para educar, pero capaces de resabiar. El torero, independientemente de su arte, necesita observar al toro, analizar sus movimientos y conocer sus defensas; cuando este mecanismo es espontáneo, ingénito, el torero hábil dirige bien la lidia, en la seguridad de hacer buenas faenas con garantía de su vida y lucimiento de su arte; con un toro resabiado, pérdida la espontaneidad en sus movimientos el lidiador está más comprometido como artista y como hombre. Con las vacas no hay peligro de resabio; además, los resabios no se transmiten por herencia y en cambio viendo arremeter, cornear, embestir a las hembras, puede juzgar acerca del mecanismo psicológico de la astucia en esta defensa, de la contractilidad muscular, flexibilidad de las articulaciones, cualidades fácilmente transmitibles a los descendientes; los toros que quedan como sementales también sufren la tienta y son toreados para probar su bravura y mostrar las condiciones mecánicas para una lidia buena y espectacular.


Un peligro de orden orgánico corren las reses durante la tienta, la posibilidad de un accidente en los pitones que determinen el desarrollo de un cuerno defectuoso al llegar a la edad adulta; se han de tomar toda clase de precauciones para prevenir este daño en los cuernos que tanto deprecian; en ocasiones inutilizan al toro de lidia.

El Toro que ha sufrido la prueba de la tienta se suelta al campo para seguir su crianza hasta que llega a la edad de ser vendido para una corrida.

Tienta a campo abierto


Es una prueba para lucir las cualidades del caballista y de resistencia en los hombres encargados de su ejecución; la tienta en estas condiciones exige el acoso de la res, normalmente los toros no se arrancan en el campo, no necesitan defenderse ni librarse, son libres, solamente cuando son acosados, perseguidos, acaban por pararse y acometer a sus perseguidores, hasta libarse de ellos. Se necesitan tres personas que sean excelentes jinetes; del acoso, es decir, de perseguir se encargan dos, que se llaman la collera, y de la tienta, el tentador; el eral o vaquilla que se va a tentar se aparta de la piara y se le persigue a caballo, apretando bien el acoso; cuando el animal agota sus resistencias en la carrera, se apresa a la defensa dando la cara y arremetiendo a sus perseguidores; en este momento entra en acción el tentador y aguanta la arrancada sujetando a la res con la garrocha; de los quites y librar al tentador se encargan los de la collera.


Para dar valor a la prueba, la tienta ha de hacerse contra querencia y cuantos más puyazos tome el animal y mejores arrancadas dé, mejor nota le corresponde en la prueba; el animal que huye con síntomas de miedo será desechado; los grados intermedios sólo pueden ser juzgados por el criterio del ganadero.


Ambas maneras de tentar son excelentes; la elección de uno u otro medio obedecen a una tradición más que a los resultados prácticos; la tienta por acoso es casi exclusivamente de Andalucía y la Tienta de corral también se practica en Andalucía y es única en Castilla, Extremadura, etc. En México también se acostumbra.


Bibliografía


  • C. Sanz Egaña, (Extracto de una conferencia, en el “Ateneo de los ternos de Veterinaria”, en Madrid, el 30 de Noviembre de 1935), Recuperado 21 de Junio de 2022.

  • Tienta a campo abierto, ganadería La Trasquila, a caballo el ganadero y rejoneador Alejo Rodríguez Santiago. Fotos: Gabriela Guevara


Nota de la Editora: este artículo es parte del año 0, número 4 de la revista #PueblaEsTaurina que puedes leer completa en el simulador, dando clic aquí o si prefieres ¡descárgala!

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