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Memorias de un ganadero: Yoyo Carvajal

Nota de la Directora Editorial. El material que a continuación compartimos es parte de las memorias autobiográficas del Ganadero Yoyo Carvajal, a quien agradecemos el honor y la confianza de darnos la oportunidad de publicarlas.


Por: Rodolfo “Yoyo” Carvajal Montes de Oca



Mi nombre es Rodolfo Carvajal, mis amigos me dicen “Yoyo Carvajal”. Nací hace 83 años en el seno de una familia Taurina Tlaxcalteca, mis primeros años los viví en la Hacienda de “Zotoluca” con mis padres Rubén Carvajal y Celia Montes de Oca, y mis 6 hermanos. Me tocó vivir la Época de Oro de la Fiesta Brava, cuando ir a los toros era un acontecimiento social y los aficionados vestían elegantemente.


La ganadería


Tuve la fortuna de apoyar a mi padre en la administración de la ganadería de Zotoluca de 1956 a 1967. Allí, él siempre puso en primer lugar la bravura. "El ganado debe ser bravo, antes que bueno", decía. Una de mis funciones era pasar a los libros todas las anotaciones que hacía mi padre sobre las vacas y los sementales, así como las crías.


Presencié innumerables herraderos, tientas y derribaderos cuando se hacían como faenas de trabajo para clasificar las vacas y toros para poder determinar los ejemplares que formarían una corrida. En estas actividades El güero Guadalupe (picador profesional) era quien apoyaba las labores.


Los Toreros


En la ganadería conocí a figuras del toreo como Luis Castro “El Soldado”, Chucho Solórzano, Fermín Espinoza Armillita quien tuvo una sola cornada en su vida y fue por un toro de Zotoluca.


Recuerdo muy bien a Manolo Dos Santos un torero portugués que debutó en la plaza de toros El Toreo de la Condesa con una corrida nuestra y fue a conocer la ganadería. Estuvo una semana de visita en la hacienda para su entrenamiento con el toro mexicano, antes de su presentación en los ruedos.


De Manuel Capetillo recuerdo que el toro que lo lanzó a la fama fue “Naviero” un toro de Zotoluca de color cárdeno de muy buena estampa que toreo en la Plaza México.


También a Jorge “El Ranchero” Aguilar a quien consideré mi amigo y con quien viví muchas anécdotas tanto en el toreo como en la charrería; él y mi hermano Leopoldo eran los que llevaban a cabo las labores de tienta de vaquillas. El día que falleció, pasaría por mí para ir juntos a la tienta en Cuaxamalucan, pero no coincidimos y en el transcurso del día me dio la mala noticia Fernando Rodríguez.

La convivencia con “El Ranchero” fue muy cercana porque además de parientes y amigos, fuimos socios en una empresa de materiales de construcción. Él vivía con mi familia y conmigo durante la semana y se iba a la Cd. de México solamente durante el fin de semana.

La gran pérdida


Así como tengo anécdotas felices tengo anécdotas trágicas, como la cornada de Francisco “Pancho” Hernández (mi primo e hijo del Ganadero de Rancho Seco). Yo estaba en Huamantla viendo los toros de “La México”

por TV y cuando el torero en turno le dio oportunidad a mi primo de hacer un quite. El toro lo prendió, en ese momento salí rumbo a la Ciudad de México al hospital donde estaban operando a “Pancho”. Él sobrevivió a la operación, pero una infección que sobrevino después, lamentablemente se lo llevó,


Pancho era muy simpático y por tener más o menos la misma edad, fue con quien más conviví. Que comiera en la casa con mis hermanos era muy normal y los domingos siempre íbamos juntos a misa y después nos veíamos en los toros con mis otros primos “Checo” Hernández (actual ganadero de Rancho Seco), se nos unía mi hermano Alfonso. Algunas veces íbamos al cine cuando no era temporada de Toros.


Yo vi torear a Manolete en El Toreo de La Condesa, y alguna vez lo vi hacer las funciones de picador en un festival donde los toreros fueron picadores y los picadores fueron toreros.


Otras ganaderías


Viví las afectaciones de parte del Gobierno a todas las haciendas de Tlaxcala con lo que lastimosamente empezó la decadencia del pulque y la Fiesta Brava. Vi como se perdían muchas fuentes de trabajo en la región. Me tocó llevar a caballo a las 25 vacas bravas a la Hacienda de Tepezala, con las cuales empezaría la ganadería del mismo nombre.


Conocí al Dr. Labastida y Don José Madrazo dueño de la ganadería “La Punta” a quien mi padre compró 60 becerras para cruzarlas con sementales que tenían sangre del “Marques de Saltillo”, de esta cruza mi padre obtuvo el Premio al Toro más Bravo en la Feria de Tlaxcala de 1963.


Mi padre conoció a Don Manuel Ibargüengoitia dueño de la Hacienda Guadalupe de las Corrientes en Zacatecas, entablando una bonita amistad, nos invitaba a cazar venados, gansos y grullas. Fui desde la primera cacería con mis hermanos Leopoldo y Rubén, era tan extensa la hacienda que existía un tren y 4 estaciones en sus terrenos.


Con Romárico González ganadero de La Laguna también tuve mucho contacto cuando administré Zotoluca debido a la cercanía de las haciendas. Él fue una de las personas que apoyó mucho al “Ranchero” Aguilar para ser novillero, a mi hermano Leopoldo y a Ramón López quienes empezaron juntos como novilleros en la plaza de Huamantla.


Sergio “Checo” Hernández era parte de una palomilla de primos, era el más chico de todos, después se convertiría en el ganadero de Rancho Seco.


La familia


Durante mi juventud recuerdo las tientas y herraderos en las haciendas, fiestas del santo patrón de cada una, así como posadas que eran también convivencia familiar ya que durante las vacaciones escolares de diciembre todos los primos la pasábamos en los ranchos y se tenían reuniones cada semana, en época de posadas había una en cada hacienda y los anfitriones se esmeraban por atender a los invitados. Las comidas de fin de semana eran de más de 30 personas entre primos, tíos y amigos.


Mi primo Raúl González, ganadero de Piedras Negras, me apoyó cuando tuve la inquietud de escribir un libro de las haciendas de la familia. También me brindó la información para escribir sobre Piedras Negras.


Uno de mis pasatiempos favoritos siempre ha sido la pintura y aunque soy autodidacta me gusta la pintura campirana con paisajes taurinos y me ufano en decir que existe, al menos un cuadro mío, en cada casa ganadera tlaxcalteca.


Marco González, me brindó la oportunidad de pintar al óleo a todos los dueños de Piedras Negras desde el primer ganadero José María González “Tío Chemalia”, hasta él mismo, por ser el actual dueño, lo estimo mucho.


Cuando mi hijos fueron a la ciudad de Puebla a estudiar en las universidades nos mudamos en familia y tuve tiempo de escribir un libro donde se hablara de cada una de las haciendas ganaderas de Tlaxcala. Lo que más llamó la atención fue que los capítulos de cada hacienda fueron narrados por los dueños de esa época como Raúl González de “Piedras Negras”, Manuel de Haro de “La Laguna”, Héctor González de “Coaxamalucan”, Sergio Hernández de “Rancho Seco”, José María Sánchez Anaya de “Toltecapa”, Daniel Muñoz de “Zacatepec”, Cirilo Sánchez de “Tepezala”, de “Zotoluca” mi padre Ruben Carvajal Santana; Cristóbal Sánchez de “Tepeyahualco” y por “La Noria”Rodolfo y Miguel Sánchez Rugarcía.


Las plazas


Tuve la fortuna de asistir de muy niño a la inauguración de La Plaza México. En mi familia, los domingos consistían en ir a misa de 11, pasar a la pastelería “Elizondo” por el postre y a las 4 asistir a los toros pues mi padre siempre tuvo palco tanto en “La México” como en “El Toreo”. Recuerdo haber visto la plaza de toros “México” llena hasta el reloj y con boletajes agotados.


Estuve presente en una gran corrida de la ganadería de Zotoluca el 11 de marzo de 1953, en la que se lidiaron 6 fabulosos toros de nombre “Muñequito”, “Engañoso”, ”Cirquero”, “Cortijero”, “Cebollero” y “Jerguero”. Aquel día el público pidió a mi padre salir al ruedo y dar una vuelta triunfal porque los 6 toros salieron muy buenos. Fueron lidiados por los matadores Luis Porcuna, Paquito Muñoz y Jesús Córdoba.

Las Ferias


Otro evento que forma parte de mis recuerdos, es la Feria de Tlaxcala, las cuales empezaron en 1962, participé en todas hasta 1995, ya que eran muy aceptadas por la familia y era muy normal encontrar a todos ellos en las charreadas, las corridas de toros y en el palenque porque era una feria donde era posible llevar a la familia sin ningún problema.


Mi incursión en la organización de la Feria de Tlaxcala comenzó en 1975, cuando se hizo empresa por parte del patronato de feria para las corridas y me pidieron este encargo. El presidente de la feria era el MVZ Alfonso Sánchez Anaya; y me ayudó el Sr. José Andalco, gran aficionado a los toros, quien tenía mucha experiencia en el medio taurino.


En la mayoría de las corridas fueron lidiados toros de las ganaderías Tlaxcaltecas. Recuerdo que en una ocasión me llamó el juez de plaza Wiliulfo Candía y me dijo “Yoyo” la corrida que envió la ganadería “X” no dio el peso” y le contesté: ¿Está documentado todo? "Sí", me contestó, y resolví: Entonces regresa esos toros, no se aceptan. y regresamos esa corrida para dar un espectáculo acorde a la plaza de Toros, que aún no era llamada plaza “Ranchero” Aguilar.


En el año de 1991 la Lic. Beatriz Paredes me dio la oportunidad de ser Presidente de la Feria siendo a mi parecer una de las últimas ferias familiares y enfocadas a la promoción cultural del Estado de Tlaxcala porque se tuvieron en esa ocasión más de 80 empresas tlaxcaltecas, a los artesanos se les dio la mayor difusión posible y se expuso ganado bravo en el recinto ferial.

De mi libro...


Tan solo por un día

Como me retoza el gusto por encontrarme aquí de nuevo en estos potreros de bravo.


Para ponerme las espuelas, chaparreras y el sombrero jarano y montando mi caballo el retinto colorado para perderme allá a lo lejos entre sabinos sombreados dejando a un lado los magueyales para encontrar trabajando a los caporales.


Entre humareda y griterío marcando con hierro caliente de este año los críos o para encontrar en una plaza escondida de tienta al ganadero y la gente de coleta calificando a las becerras que algún día serán parte del pie de cría.


En una tienta de erales a campo abierto faena que ha desaparecido por cierto llamada el “derribadero” para actuar en compañía de Jorge “ El Ranchero” Aguilar y ya por la tarde con los compadres bullangueros saborear un rico pulque del que hacen los clachiqueros.


Campo Bravo Tlaxcalteca a más de 100 años de existir no has perdido lozanía por lo que antes de morir a Dios le pediría, que me deje disfrutarte plenamente tan solo por un día.




Nota de la editora: este artículo se publicó en la edición "Padres de la Tauromaquia", correspondiente al mes de junio 2022 (Año 0, no. 3), de la revista #PueblaEsTaurina que puedes leer en el simulador dando clic aquí.

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