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Origen del Charro y la Charrería

El nacimiento del Charro Mexicano se remonta al siglo XIX en Salamanca, España, en donde denominan así, al hombre de campo de esa región. Fue durante el Virreinato de la Nueva España que los españoles introdujeron en México la ganadería, la cual poco a poco fue adquiriendo características muy particulares y propias.



Los terratenientes de origen español y hacendados, así como sus empleados, conformaron, primero en el centro del país y después en el resto del territorio mexicano; adoptaron un nuevo estilo de montar a caballo, único conforme a las características de cada Estado. Luego de la Independencia, creció de manera importante el número de propietarios de tierras que montaban a caballo.


A éstos se les denominaba cuerudos, y después de la Intervención Francesa se les conocería como chinacos, de quienes Maximiliano de Habsburgo tomara como referenciael diseño del traje de Charro, pues eran los hombres del pueblo que pelearon durante la Independencia, también se inspiró en los empleados de las haciendas, a quienes se les llamaba mayorales, caporales y arrieros.


Los hacendados y propietarios de tierras utilizaban ornamentaciones similares a los aristócratas y oficiales de caballería en trajes con un corte y estilo totalmente distinto, haciendo alarde de su poderío económico, mientras que los menos adinerados los hacían bordar de pita proveniente de la fibra del maguey, chumeteado (en hilo de algodón) y/o con grecas y calados en gamuza.


La silla de montar, nombrada vaquera mexicana, es hija de la española y nieta de la árabe, y surgió durante este periodo. Dicha silla es una de las principales características del Charro, pues su fuste con cabeza es de diseño único y fue creada para el trabajo de campo con ganado. Se conforma de un fuste o esqueleto de madera con cabeza, cuerajes y estribos, entre otros accesorios. A pesar de ser relativamente más pesada que otras, es muy cómoda tanto para el caballo como para el jinete.


Hoy en día sigue en disputa el lugar de nacimiento de la Charrería y el Charro, ya que diversos autores señalan tanto a Jalisco como a Hidalgo, pero en general se acepta que la Charrería profesional tuvo sus inicios en 1880. Uno de los más famosos exponentes de esa época fue el “Charro Ponciano”, Ponciano Díaz, originario de la Hacienda de Atenco, Hidalgo. Él le dio gran impulso a la Charrería, convirtiéndola en espectáculo de valor y pericia. Otros pioneros de quienes se tiene registro fueron Agustín y Vicente Oropeza, Celso González, Vicente Conde y Manuel González Aragón, quienes en el año de 1889 partieron a España a dar una exhibición de Charrería y Toros al estilo mexicano. Es importante mencionar que el Duque de Regla y Marqués de Guadalupe, don Carlos Rincón Gallardo de Romero de Terreros, es considerado también uno de los primeros representantes de la Charrería y antepasado de muchos Charros de renombre.


Según registros la primera asociación dedicada a la Charrería,fue fundada en la ahora Ciudad de México con el nombre de “La Nacional” un 4 de junio de 1921. Así mismo, el 16 de diciembre de 1933 fue fundada la “Federación Nacional de Charros” con la función de agrupar a todas las asociaciones del país, organizar competencias y reglamentar la práctica de este deporte. La Charrería fue declarada deporte nacional el 14 de septiembre de 1933 por el entonces presidente de México, don Manuel Ávila Camacho, y esa misma fecha fue pronunciada el “Día del Charro”.


La UNESCO inscribió a la Charrería en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el primero de diciembre de 2016, lo que confirma el importante papel del Charro y nuestro deporte nacional no sólo en México, sino en el mundo.


Referencias

  • Carlos Rincón Gallardo y Romero de Terreros (1946). “El Libro del Charro Mexicano”, Porrúa, México.

  • Más de México (2016). “11 curiosidades de la Charrería”, México.

  • José Valero Silva (1989). “El Libro de la Charrería”, Gráficas Montealbán, México.

  • José Álvarez del Villar (1968). “Orígenes del Charro Mexicano”, Librería A. Pola, México.



Nota de la Editora: este artículo es parte del año 0, número 5 de la revista #PueblaEsTaurina que puedes leer completa en el simulador, dando clic aquí o si prefieres ¡descárgala!

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