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Reapertura de la Plaza México: una luz en un país obscuro

Por: Vicente L. Avendaño Fernández

Foto: Ernesto Pineda



Recientemente vimos la noticia de una niña herida pidiendo auxilio en la carretera en Morelos, la quema de lotes de autos por no pagar derecho de piso en Michoacán, además de que la corrupción sigue igual o más presente respecto al pasado. Desgraciadamente vivimos en el país de las mentiras, es por eso que la simulación para combatir los grandes problemas se confunde con soluciones efectivas, eso lo tenemos en muy diversos temas que nos involucran y afectan a todos. Esto no nos debe asombrar, los problemas de nuestro país son de naturaleza estructural, sumamente difíciles de resolver, así que no basta un sexenio y quizá ni un siglo para empezar a solucionarlos.

El cuidado de los animales es algo muy importante en una sociedad civilizada, yo mismo he tenido perros y gatos que han significado mucho en mi vida, es más, me dio gusto la llegada de la jirafa Benito al parque Africam Safari, pero debemos entender que todos los esfuerzos sociales y gubernamentales respecto a esos seres sintientes deben de estar al parejo de otros temas prioritarios, como el cuidado a los niños, el respeto a los derechos humanos y la generación de empleos. No debemos caer en el error de la compensación emocional y pensar que los “lomitos” y “michis” son la prioridad para lo sociedad. Esto ya pasó en el gobierno de Hitler, pionero en el cuidado animal, pero que mandó a incinerar a 6 millones seres humanos.

Para empeorar las cosas, empiezan los tiempos electorales, llenos de mentiras y manipulación, así que veremos la cara más simpática de quien esconde las acciones más execrables.

En este panorama tan negativo, celebro con todo ánimo la reapertura de la Plaza México, no sólo porque sea un aficionado y estudioso de la tauromaquia, sino por la serie de factores que mencionaré a continuación.

Empecemos por lo pragmático: se debe procurar la activación económica y la realización de estos eventos beneficia a ganaderos, matadores y su cuadrilla, vendedores y tantos otros sujetos que se benefician de la fiesta brava.

También hay que decir que los derechos humanos, como el acceso a la cultura y al libre desarrollo de la personalidad deben ser respetados y somos millones a los que nos gusta la tauromaquia.

Conforme a criterios de Amparo, es absurdo el argumento de que la fiesta de sangre y arena está en contra al derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar, basta ver los campos de crianza del toro de lidia, auténticos santuarios donde el burel es el rey, rodeado de una fauna y flora que no tiene comparación, las cuales resultan mucho mejor a los refugios de perros, donde los canes comen sobre su excremento y están amarrados, como si fueran presos vitalicios de una cárcel cruel.

En el ámbito cultural, la corrida de toros tiene un trasfondo religioso, antropológico y filosófico muy profundo, el cual no es fácil de entender, lo cual se presta a que la gente sin conocimiento y/o acomplejada vea en el prohibicionismo una forma de compensación emocional. No dudo que los “antis” quizá tengan buenas intenciones, pero su ignorancia los hace caer en contradicciones claras, por ejemplo: la abolición de la tauromaquia no protege al burel, muy por el contrario, lo llevaría a su extinción.

Un aspecto muy importante es la doble moral de quienes se oponen a las corridas, por la gran mayoría de ellos comen carne y usan productos de origen animal, sin percatarse que reses, cerdos, pollos, etcétera son sacrificados con mayor violencia al interior rastros.

El toro de lidia solo puede vivir en la dimensión de matar o morir, tiene un ADN único que lo anestesia al momento de la faena y le da una valentía que ningún otro ser vivo tiene; es la criatura más maravillosa de la tierra que nace para vivir y morir con la mayor de las dignidades ¡Viva la fiesta brava! Hasta la próxima.



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