San Cristóbal La Trampa: la bravura criolla poblana

A Xavier González Fisher


Cuando uno se dispone a escribir de toros no sabe a ciencia cierta en qué acabará el texto, porque el entramado histórico, la cultura y la solera que proviene de la Tauromaquia es fruto de generaciones que se van pasando la estafeta para resguardar la memoria. En el caso de Puebla, los aficionados sabemos de ‘oídas’ que somos herederos de una vasta historia de ruedos y toreros, pero ignoramos un poco sobre el toro mexicano.


Los primeros bovinos que llegaron a México, se sabe, solían escapar porque no siempre había tiempo para crear potreros, por lo que se les soltaba en los montes y los caminantes a veces se topaban con ellos, los más eran mansos pero hubo otros que tenían genio y fueron esos a los que algunos terratenientes comenzaron a separar para dar continuidad a las Fiestas taurinas: primero los aristocráticos alanceos y a finales del siglo XIX, corridas de toros como las conocemos ahora. Fue un proceso largo y arduo, en el que se consolidó el toreo a pie y también se dio forma a las casas ganaderas especializadas en lo bravo.


Hacia mediados del s. XIX, Don Manuel Sánchez de la Vega dueño de San Cristóbal de La Trampa, separaba las reses bravas para hacerse de un ato que pudiera lidiar en las plazas de toros y que en algún punto de su genealogía se pudieron haber mezclado con toros bravos recién llegados de España tal como sucedió con los toros de Atenco y de algunas ganaderías fundadas o de las que se tiene registro a finales del s. XIX. A esta primera selección se le llamó ganado criollo (para la lidia). Según Carlos Quiróz (sic), afirmaba en 1902 que San Cristóbal La Trampa “era antiquísima; según la mayoría, procedía de reses de Atenco; pero dada la finura de su tipo, y sus condiciones de bravura, es más creíble que hayan procedido, según otros, de alguna cruza en época lejana con ganado bravo español”.


Los toros y vacas de San Cristóbal La Trampa se alimentaron de los pastos de un pueblecillo con bosques de pino y encino, del mismo nombre (en el municipio de Soltepec, fundado en el s. XVII), ahora casi deshabitado, entre Lara Grajales y Nopalucan como tuvo a bien dejar por escrito El Chato (Jaime) Silva en su publicación: “Saleri-La tragedia en Ruedos y de Toreros Poblanos” (2021). En ese lugar, nos cuenta el autor, se colocó una placa memorial, pues a espaldas de la iglesia del pueblo, don Manuel de Haro y Caso, localizó el ruedo de adobe y gestionó que la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, participara con el gasto. En 1922, Don Luis, publicó un libro en Madrid que proporciona algunos rasgos de esta ganadería: “En los tiempos de Bernardo Gaviño, La Monja y otros lidiadores de aquellos tan singulares, se lidiaban con cierta frecuencia y bastante aceptación toros de la hacienda de San Cristóbal La Trampa, que solían ser cornalones y lo suficientemente bravos para competir a veces con los famosos atencos.”


En la Revista el Ruedo (Madrid, 1959) se publicó un listado de las ganaderías bravas mexicanas de mayor prestigio y podemos recoger los párrafos de apertura:


“Todas las ganaderías mejicanas* fueron, primitivamente, formadas con toros españoles. Las primeras ganaderías que tuvieron fama -en el siglo XIX- fueron San Cristóbal de Trampa (sic), San Nicolás Peralta, Malpaso, Tepeyahualco, Guatímape, Nopalapan, Querendaro y Parangueo. Estas ganaderías no existieron durante mucho tiempo y fueron absorbidas por las más recientes o se extinguieron totalmente. La mayoría de las ganaderías de hoy en Méjico tienen sangre andaluza en las venas de sus vacadas; las más destacadas son las encastadas en la ganadería de Saltillo, una de las más ilustres ramas de la casta Vistahermosa del siglo XIX y que posee el tipo ideal del toro de lidia; un cuerpo sin exageraciones, muy bravo y noble. Las mejores ganaderías del Méjico de hoy son las de San Mateo, La Laguna, La Punta y Jesús Cabrera. Otras de gran fama, aunque no tan destacadas son Piedras Negras, Torrecilla, Zotoluca, Zacatepec, Peñuelas, Pastejé y Tequisquiapan. Estos once hierros son la crema de la ganadería brava mejicana y todas tienen sangre, principalmente de Saltillo, y también de Miura, Veragua, Murube y otras grandes ganaderías de Andalucía y algunas de Salamanca. He aquí en los cuadros que siguen, el estado de la ganadería brava mejicana en la actualidad, según el estudio que hace Antonio Brand en la revista norteamericana “Toros”.



Simiente trampeña


Por ahí de 1870 Don José María González Muñoz, tras seleccionar lo más bravo de su ganado criollo, y logrando cierto éxito en la plaza de Texcoco, se animó a conformar Piedras Negras como ganadería brava y se hizo de sus primeros sementales de San Cristóbal La Trampa pues ésta, señala Quiróz, “era por entonces la que gozaba de mayor fama”. Veinte años después, tras la trágica muerte de Juan Romero ‘Saleri’, en Puebla a causa de la cornada de un toro de San Cristóbal La Trampa en 1888, el ganadero poblano decidió desprenderse de su ganado bravo, según refiere el mismo Quiróz (1920): “se apenó mucho porque, tanto la prensa como la mayoría de los aficionados, culpó a la poca nobleza de estos toros del fatal accidente; no habiendo motivo para ello, pues aunque estos toros es cierto que carecían de tipo y bastante nobleza, sobre todo la causante de la desgracia que fe un pájaro de cuenta, ésta fue motivada por irreflexión del infortunado” torero. Vendió los toros bravos a Don José María González Muñoz y a Don José María González Pavón, quienes entregaron tres mansos por cada bravo. Tras una tienta, el ganadero de Piedras Negras desechó todo aquellos que no le satisfacían y reservó esta línea sanguínea hasta 1891 cuando cruzó un toro de Benjumea y después con uno de Miura y tres de Murube (1896). Cabe destacar que esta última decisión, se debía a que, “aunque de hermosa lámina y bravos en todos los tercios de la lidia, carecían como sus progenitores de nobleza y que muchos diestros se negaban a lidiarlos” (como hasta la fecha). Los hijos de esta primera cruza se lidiaron el 5 de enero de 1902, en la capital: “Son voluntariosos en el primer tercio de la lidia, en el que demuestran bravura, poder y codicia, y llegan a la muerte conservando facultades y resabiados, a causa de la herencia que les legaron sus progenitores los Trampeños”. Tepeyahualco adquirió en 1896, para su fundación los vientres y sementales poblanos que fueron cruzados con toros españoles de Veragua, Saltillo, Miura y Murube. En 1909, se publicó en Madrid, un Vademécum taurino en el que quedó registro de una tercera ganadería de procedencia Trampeña: González, cuyo dueño fue Don Románico González, en la ficha se lee “Divisa tabaco y roja. Fundó la ganadería D. José María González Pavón, con reses de la de San Cristóbal de la Trampa, cruzada con otras de Veragua, Miura y Murube. Al fallecimiento del Sr. Pavón, pasó esta vacada a sus herederos y de éstos a su actual poseedor, uno de los ganaderos de más conciencia y de los mejores aficionados del país. Los pelos más generales de los toros de esta ganadería son el negro, castaño, berrendo y chorreado” (1909).


En la Revista el Ruedo (Madrid, 1944), quedó registro de la participación de sangre trampeña en otras ganaderías mexicanas: “Zacatepec, con divisa plomo y rojo, está formada en 1928, es oriunda de San Cristóbal de la Trampa, cruzada con sementales seleccionados de san Mateo. Zotoluca, se remonta a 1898. Se formó con reses oriundas de San Cristóbal y cruzó posteriormente con Saltillo, Veragua y Miura. En 1943 se fundó Ajuluapán en Apan (Hidalgo) con toros de San Cristóbal de la Trampa-Piedras Negras, Veragua, P. Negras y P. Tabernero. Pintas: Negro, berrendo en negro. Toros grandes y buenos, con frecuencia inciertos. Dueño: Reyes Huerta Velasco."


Actualidad


Aquellos trampeños se extinguieron, la última vaca con esta sangre fue lidiada en Tenexac, afirma como testigo Jaime Silva “casi un siglo después […] (-referencia a 1888)-, donde acompañando a integrantes de la Peña Taurina Poblana, vimos la tienta de la última becerra que la llevó y que correspondió en turno al torero retirado Armando Seleny Rodríguez. Este dato lo dio el ganadero Don Sabino Yano Bretón.” Actualmente el hierro de San Cristóbal La Trampa fue retomado en los años sesenta por la familia de Don Manuel Espino, más en un ejercicio conmemorativo a la poblana, que por su relación con tal sangre; a iniciativa de Don Manuel de Haro.


*La escritura ibérica del nombre de nuestro país, sobre todo antes del s. XX, era con j, no es un error sino un uso recurrente en textos españoles.


Referencias


· Silva Gutiérrez, Jaime. (2021). Saleri-La tragedia en ruedos y de toreros poblanos. Edición de autor, coord. Jaime Oaxaca.

· Sol y sombra : semanario taurino...: semanario taurino ilustrado - Año V Número 254 - 1901 diciembre 12 (12/12/1901)

· Agenda taurina : contiene cuantos datos y noticias son útiles y necesáreos a ganaderos ... : año VI / Leopoldo Vázquez y Rodríguez

· Sol y sombra : semanario taurino...: semanario taurino ilustrado - Año VI Número 312 - 1902 noviembre 20 (20/11/1902)

· Vademécum taurino. Madrid : [s.n.], 1909 : Ginés Carrión, Editor) Toros y toreros en ... :...: detalles y apreciación de la última temporada taurina - - 1922 enero 1 (01/01/1922) [Madrid : s.n., 01/01/1922]

· Toros y toreros en ... :...: detalles y apreciación de la última temporada taurina - Año XXII - 1926 (01/01/1926) [Madrid : s.n., 01/01/1926] Toros y toreros en ... :...: detalles y apreciación de la última temporada taurina - Año XXIII - 1927 (01/01/1927) [Madrid : s.n., 01/01/1927]

· El Ruedo : suplemento taurino de Marca: Año I Número 26 - 1944 Diciembre 06 Madrid : [Marca], 06/12/1944

· El Ruedo : suplemento taurino de Marca: Año XVI Número 758 - 1959 Enero 01 Madrid




Este artículo forma parte de la edición de Mayo, 2022 de la Revista electrónica #PueblaEsTaurina. Descarga la Revista completa aquí.

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